Más de una vez hemos tomado una cucharada de lentejas con alguna piedra, se detecta por el chasquido de los dientes. Cuando esto pasa no es elegante echar una bronca al familiar que guisó las lentejas; simplemente no se traga, la ponemos a un lado y luego seguimos comiendo como si no hubiese ocurrido.

Más de una vez habremos topado con piedras u obstáculos en el camino. No tragarse esas situaciones es lo más saludable, quizá eran de “lentejas” o acciones que cocinamos en el pasado, o quizá formaron parte de la “comilona” familiar o social. Por puro principio de salud, debemos apartarlas de nuestro camino o bien con habilidad rodear el obstáculo. Tragarlo sería perjudicial y llevaría mucho tiempo digerirlo y excretarlo.

Los momentos duros no conviene tragarlos ni interesa acostumbrarnos a ingerirlos. No haremos una historia mental sobre esto; es mejor que con simple naturalidad lo dejemos a un lado. En el trabajo aparecen obstáculos con mucha frecuencia: saber manejar la situación evitará mucho estrés. En la casa podemos chocarnos con piedras nuestras o que vienen de algún familiar. En la calle podemos encontrarnos de todo, desde situaciones horriblemente feas hasta respuestas hirientes y malintencionadas. Actuar con naturalidad e indiferencia vuelve a ser muy útil.

Cada día se entregan millones de paquetes que contienen muchas “piedras” y que deberían ser rechazados. Una mala costumbre es investigar por qué llegó a nosotros y discutir con la persona que nos entrega tal “regalito”, pero enfrentarse a los obstáculos y chocar cabeza con cabeza como si de piedras se tratase es poco saludable, nos perjudica siempre.

Pero, ¿qué pasa si se rechaza? Muy sencillo, el portador que nos quería dar ese regalito se lo lleva de vuelta y además tendrá que cargar con más “piedrecitas” que aún quedan en el umbral de nuestra morada. De alguna forma el agitador y provocador se lleva lo que trae y además se le pegarán los restos que nos rodeen. El agitador vino como un mensajero de algo que no aceptamos y además se convierte en un barrendero que se lleva algunas basuras que rondan fuera de nuestra morada. Por eso no es bueno ese oficio de agitador, de persona que es portadora de problemas y obstáculos y cuyo fin es dañar, porque nuestro rechazo e indiferencia hace que vuelva a llevarse lo que ha traído y alguna cosita más que merodee nuestros alrededores.

Ser malicioso es el peor oficio que una persona pueda tener, buscar hacer daño intencionadamente es una profesión muy en uso; por eso hay tanto paro, se dedica más tiempo a la ofensa que a la inteligencia. Esto no quiere decir que quienes estén en paro sean maliciosos, quiere decir que en un mundo donde la ofensa actúa constantemente, no hay tiempo para desplegar la inteligencia, por tanto no habrá tiempo para crear situaciones que promuevan vida, actividad, trabajo y bienestar para todos.

Estamos hablando de no aceptar situaciones que no son saludables. Podemos tratar de filosofar sobre la aceptación de la adversidad, la resignación… pero estos son conceptos puramente mentales y el sistema nervioso no entiende de moralidad ni de filosofías orientales.

El impacto del estrés es algo físico y aunque la hormona se vista de seda, hormona se queda. La alteración que produce tragarse el estrés del malicioso es un impacto físico: los músculos se contraen, se producen cambios estructurales y materiales en el sistema nervioso. La pose mental de un seguimiento oriental no evita un aumento de las hormonas del estrés.

Con naturalidad apartemos esos “paquetes” que por un lado u otro nos quieren colocar en el camino. Ciertamente hay un efecto de reacción a la crispación cuando el propio sistema nervioso está crispado, por eso conviene cuidarlo mucho y alimentarlo con aquellos productos que producen orden en su funcionamiento, los del campo; comer carnes, pescados y otros productos pueden aportar nutrientes pero también aportan alteración al propio sistema nervioso. Dejando el análisis de datos para otro momento, hoy interesa saber que la pólvora no explota si está mojada: tener el sistema nervioso bien cuidado mediante una sana alimentación y una práctica diaria en el arte de trascender la mente lo modificará del tal forma que la chispa no prenderá esa ira que pretenden inculcarnos desde fuera.

Comamos aquello que nosotros deseamos comer y no nos traguemos aquello que otros vomitan.

Así de fácil. También nos daríamos cuenta de que quien vomita fuego ácido es por una enfermedad. Las piedras no las comemos, pero tampoco lapidamos al enfermo: hay que desterrar la enfermedad solamente.

Feliz semana y buenas digestiones, que la felicidad también se genera en el estómago.

Un abrazo familiar.

José Antonio Cordero
Director de Agricultura Védica Maharishi y profesor de la Técnica Meditación Trascendental

“Nuestras buenas y nuestras malas acciones nos siguen casi como una sombra” – Buda

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