ATENCIÓN: Si todavía no lo has hecho, te recomiendo que leas la primera parte de este post antes de continuar con la lectura

Como Consultora de Salud (un concepto como otro), terapeuta, Health Coach, me experimento como ser humano en evolución, creciendo a través de mi cuerpo, mente, emociones, espíritu. De las que muchas soy consciente a través de las relaciones, de verme en Ti, (en el “otro”). Realmente me doy cuenta que ya no hay otro, que no hay tú: soy tú, me veo en Ti, a través de Ti.

Te guío, dirijo, acompaño a un lugar, punto, espacio interno, íntimo y profundo en el que estás tú y yo. Nos encontramos ahí: de hecho, ahí ya no hay diferencia. Lo que de repente sabes, descubres, recuerdas, te das cuenta (aha moment), ocurre así, sólo, de forma natural.

Como Consultora de Salud en Nutrición Integral atendemos juntas a todas las áreas de vida que nutres consciente o inconscientemente, según tú desees y a tu ritmo (velocidad). Aprender a respetar a este es un gran aprendizaje. La mente racional, el ego, tiene claro el tiempo qué quiere para conseguir una meta: esto tantas semanas, para esto un mes. De hecho, en el programa te doy un formulario para que puedas ahí plasmar esas metas y tiempos de tu ego, pero respetaremos tu ritmo real (que no tiene tiempo). Un instante de darte cuenta de algo que no habías visto en toda tu vida actual de forma consciente. Y después de verlo, tienes querer seguir viéndolo una y otra vez, o también negarlo, ocultarlo y esperar a la próxima oportunidad: la vida siempre te las brinda.

Hay personas que empiezan por la parte física, bien a través del alimento o a través de alguna nueva actividad. Según sea el momento en el que te encuentres, podrás descubrir dónde está dirigido tu mecanismo de búsqueda y ahí te voy conduciendo, guiando para que te veas, para que puedas verTe y verTe fuera desde otro punto de vista al que te estabas viendo hasta ahora para descubrirte por dentro. Cuando cambiamos la perspectiva, cambia la forma de ver, cambia el pensamiento, la emoción y, claro, la acción. Eso va haciendo en pequeños detalles, grandes cambios y vas haciendo tu transformación desde tu interior.

Eso sí, pasito a pasito, muchas veces llega el entendimiento a la comprensión intelectual de algún concepto nuevo que se desconocía y nuestro sistema de pensamiento de la mente egoica (nuestro “Pocoyo”) te hace creer que porque ya lo entiende, ya lo vive, ya lo integra. Pero claro, el cambio no se produce con sólo un entendimiento desde el intelecto: hay que vivirlo, transitarlo, experimentarlo.

Solemos caer en la intelectualización de todo, hasta lo no intelectualizable, hasta lo que no pertenece a la razón, pero eso se debe a nuestra fuerte y única identificación con el cuerpo físico, mente racional y con un personaje creado con un sistema de pensamiento y creencias que lleva asociado.

Solo cuando el concepto entendido intelectualmente es vivido, experimentado y sentido, está integrado en ti. Y, ¿cuándo ocurre eso? Cuando estás dispuesta, lista, y a los miedos y a todo con lo que te identificas lo echas a un lado.

Y dirás: «pero entonces, ¡no me queda nada! ¡no soy nada!»

Llega esa experiencia de vacío, soledad en el sentido de inmensidad. Ahí es donde o lo vivimos y lo transitamos tal como viene, tal como es, o volvemos a nuestro mecanismo de búsqueda, a llenar ese vacío, a buscar algo (comida, bebida, drogas, trabajo, deporte, falsa espiritualidad) o a alguien que me llene (pareja, madre, gurú, amiga, hermano), me complete y me haga feliz.

Nadie ni nada nos completa, ni está para hacernos felices. Cuestionar este pensamiento al ego es como arrebartarle su verdad, su importancia, el poder que le hemos dado: suelo decir que lo hemos “entronado”.

El ser humano experimenta miedo o amor, y la mayoría vivimos gran parte de nuestras vidas desde el miedo, lo que nos impide ver el amor que somos contenido en una forma (cuerpo).

Nuestro miedo más grande es el miedo a vivir, más que a morir. A vivir con todo lo que es, a estar completamente despiertos y claros, aceptando lo que es en un instante en este tan popular “aquí y ahora». Miedo a verte desprotegida a todo lo que experimentas. La vida es alegría, dicha, gratitud, paz, calma, perdón, ternura, belleza, compasión, empatía, felicidad… y también es dolor, tristeza, miedo, ira, confusión,frustración e impotencia. Abrirte a vivir supone aceptar a vivirlo todo.

Llega un momento que dices “ya no más”, es tu punto de quiebre y ahí te entregas. ¿A qué? A verte, a sentir el dolor, te dejas. Es como una entrega a morir, pero las emociones, la propia ansiedad y las palpitaciones te dicen que estás vivo. Entregarte sin controlar nada de lo que estás sintiendo, permitir que te atraviese, la no acción. Basamos nuestras vidas en reacciones, pero las reacciones siempre son desde el miedo. Esta entrega es dejar de creer que llevabas el control de tu vida: no llevas ningún control, te entregas al abismo de lo desconocido y sí, a la incertidumbre que tu “pocoyo” tanto miedo le tiene.

Cuando te entregas con todo, puedes ver que eres más que esa identidad a la que defiendes de todo y de todos porque la percibes atacada, por estar en el miedo. Percibes tu vacío interior y llegas a una gran revelación, que aunque de primeras resulta dolorosa, después es el gran alivio y paz. Llegas al NO SÉ, a reconocer que no sabes ni qué eres y que no sabes nada o muy poco comparado con la inmensidad del vacío que percibes y que prentendías que otros llenaran, o llenabas de comida u otras adicciones.

El reconocimiento de la ignorancia (sin falsa humildad, desde tu honestidad contigo mismo) te puede hacerte sentir bruta, idiota, después de todos esos juicios del ego, porque él se está sintiendo atacado, ¡porque a él todo esto que experimentas se le escapa! No fue creado para entender esto. Por eso después llega el alivio, desentronas al ego, le quitas el poder de dirigir tu vida, lo usas para lo que es pero no para dirigir y manipular tu vida, para manipularte a Ti. Vida y Tú sois lo mismo.

Llega la calma, más tranquilidad, nuevos cuestionamientos. Cambia tu percepción y empiezas a ver diferente, a sentir diferente, a actuar diferente. Muestras a tu personaje con sus luces y sombras y te dejas ver a Ti, a tu Conciencia, a tu YOSOY verdadero, que va más allá del personaje.

Como Consultora de Salud seré la facilitadora que te lleve una y otra vez de lo más denso (el alimento, el hecho)  a lo más sutil (a la emoción, al pensamiento y a la conciencia). Si quieres una primera sesión gratuita conmigo, HAZ CLIC AQUÍ.

Te dejo este mensaje de la maestra Kwan Yin a través de Guillermina Simó Rico:

“Recuerda, amada niña, la mente siempre ansiosa está de recibir respuestas. Pero tu Corazón no las precisa, pues en su interior guarda el tesoro de la Confianza y la plena Sabiduría”.

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